Invertir en el extranjero es una acción estratégica que fomenta el desarrollo socioeconómico y cultural de las corporaciones, con la clara intención de entrar a nuevos mercados diversificando riesgos y promoviendo el incremento competitivo comercial, lo cual hace que sean piezas claves y fundamentales para la integración económica internacional.

Teniendo claro la importante relevancia de maximizar el capital que se dispone es una de las responsabilidades principales de las tesorerías de las empresas o personas físicas, en datos recientes, en el 2021 México aumentó un 9%  la inversión extranjera y aunque si bien es cierto esto ha generado un impulso brindando estabilidad financiera en el desarrollo económico de la sociedad integrante del país, es necesario saber que las inversiones extranjeras se concentran en dos tipos de modalidades, de las cuales resaltaremos sus características más relevantes ayudándonos a discernir entre las mejores opciones para la toma de decisión al momento de invertir.

Estas inversiones se conocen como directas e indirectas, esta última también conocida como inversiones de portafolio. En primer lugar, por inversiones directas entendemos que son aquellas que tienen como objetivo establecer un interés duradero en una empresa constituida en el país receptor con ánimos de permanencia y adquisición de control en el país destino reflejando la firme intención de expandirse en dicho territorio (concepto establecido por el Benchmark Definition of Foreign Direct Investment de la OCDE). Esta motivación del inversor nace por desarrollar una relación estratégica a largo plazo con el fin de garantizar un grado significativo de influencia en la gestión de dicha empresa.

En segundo lugar, las inversiones indirectas, son aquellas que carecen de los requisitos mencionados, se refieren a las que son realizadas por personas físicas o jurídicas y entidades bancarias que tienen por finalidad la adquisición de participaciones en un mercado de valores extranjero.

Cada uno de los tipos de inversiones recientemente mencionados presentan un claro y amplio abanico de ventajas e inconvenientes. Por un lado, las inversiones directas facilitan el crecimiento económico, la productividad y desarrollo tecnológico del país extranjero, pero las mismas pueden instaurarse en países estructuralmente débiles. Por el otro lado, las inversiones indirectas permiten a los inversores gestionar de una forma óptima el riesgo de mercado y diversificar sus carteras.

Si bien, hoy en día este tipo de inversiones están al alcance de todos, sea de forma personal a consecuencia de poseer conocimientos en este ámbito o por medio de entidades financieras, es innegable que este tipo de inversión requiera suma cautela y se ha de tener en cuenta algo primordial: la necesidad de fiscalizar los rendimientos obtenidos en nuestro país así como los posibles problemas de doble imposición. Tal enunciado nos abre un abanico de preguntas de total importancia para quienes están a punto de dar este gran paso: ¿tengo que informar a mi país sobre las inversiones que efectúo en el extranjero?, ¿está seguro mi patrimonio en otros países?, ¿me estoy ajustando a los estándares internacionales o estoy contraviniendo los mismos?.

Todas estas preguntas requieren, analizar qué tipos de inversiones podemos hacer en el extranjero, como ya lo hemos hecho y, posteriormente, analizar sus ventajas e inconvenientes. Sólo a partir de este previo análisis, podremos empezar a tomar acciones con prudencia en esta compleja toma de decisiones al momento de invertir en el extranjero.

A continuación, nos centraremos en estos problemas recién mencionados. En primer lugar, debemos saber que las inversiones que efectuamos en el extranjero debemos declararlo en nuestro país de origen. Concretamente, un ciudadano mexicano debe declarar tanto los ingresos, como los retornos de las inversiones en su declaración anual sobre la renta en México. Si bien no existe esta obligación por la mera adquisición de acciones en el extranjero, esta obligación persiste y debe cumplirse cuando hablamos de ingresos o beneficios.

En segundo lugar, respecto de nuestras inversiones en el extranjero nos podemos encontrar con un problema adicional: La doble imposición. Por doble imposición entendemos el pago de impuestos en dos países diferentes, situación a la que un particular mexicano podría enfrentarse, por ejemplo al invertir en España. En este caso, el ciudadano de México se podría ver obligado a tributar en el país europeo por el Impuesto Sobre la Renta de No Residentes (IRNR) y en su país nacional por el Impuesto sobre la Renta (ISR). Sin embargo, para paliar esta situación claramente desfavorable, el particular deberá cerciorarse de que exista un Convenio de Doble Imposición entre México y el país en el que esté realizando sus operaciones internacionales, o bien, que su normativa nacional le permita la exención del pago total o parcial del impuesto.

Ahora hablemos sobre los siguientes datos: La Conferencia de las Naciones Unidas sobre Comercio y Desarrollo (CNUCYD) nos dice que México es uno de los países emergentes más abiertos para acoger inversión extranjera. A pesar de haber percibido un descenso en el año 2020 respecto a la inversión extranjera directa (un 5% menos que en el 2019), el país latinoamericano situaba sus cifras en 33 mil millones de dólares estadounidenses (USD). El origen de dicha inversión se encuentra especialmente en Estados Unidos (38,8%), España (13,1%), Canadá (10,1%), Alemania (8,2%) y Japón (6,7%).

Las razones de su situación privilegiada como receptor de inversión extranjera son varias, entre otras: su posición totalmente integrada en el orden mundial (miembro del G20, de la OCDE y Alianza del Pacífico), la estabilidad económica y política respecto a otros países de la región, sus recursos naturales o el desarrollo de su industria. A la inversa, cada vez más y más empresas mexicanas están invirtiendo en el exterior, pese a que la situación económica post-pandémica no es del todo favorable. A modo de ejemplo, la inversión mexicana en el exterior se ha disparado en cifras desorbitadas, concretamente, la inversión mexicana en la primera mitad del 2021 ha aumentado en 136 puntos porcentuales.

Para concluir, debemos tener presente que es altamente recomendable que, previo a que el inversor realice una inversión en un país distinto a su país donde mantiene su residencia permanente, se cerciore que el país receptor de su inversión tenga formalizado un Convenio De Inversión (CDI) con el país donde mantiene su residencia permanente y se analicen los porcentajes convenidos, ya que no son los mismos para todos los países, por lo tanto, algunos convenios podrían representar más ventajas que otros. Entre México y el país en el que esté realizando sus operaciones internacionales, o bien, que su normativa nacional le permita la exención del pago total o parcial del impuesto.

Hemos tratado de poner de manifiesto la creciente importancia de las inversiones extranjeras, sus ventajas e inconvenientes, así como la necesidad de conocer este complejo panorama para iniciarse con mayor seguridad en un mundo que puede condicionar la economía individual y global.

 

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